El pasado viernes nos despertamos con la peor de las noticias que una persona puede recibir. Ro Guerra, nuestra amiga, compañera e integrante de Panacea, había fallecido el 12 de marzo.
Nos quedamos en silencio, con un dolor indescriptible y sumidos en una profunda tristeza.
Ro era una persona alegre, cariñosa y amante de los animales, que desempeñaba en Panacea una labor encomiable. Quienes tuvimos la suerte de conocerla de cerca sabemos que era una persona singular, curiosa e inagotable que a menudo comunicaba más con sus miradas y silencios que con sus palabras. Tenía algo de mujer del Renacimiento y mucho de guerrera.
Su afán por aprender, su capacidad para transmitir lo aprendido, su manera de entregarse por completo a todo lo que hacía y esa forma tan suya de estar en el mundo formaban parte de su esencia.
Quería cambiar el mundo y soñaba con hacerlo un lugar mejor, en equilibrio entre personas y naturaleza.
Su firme compromiso con los derechos humanos la impulsó a involucrarse en diferentes iniciativas internacionales, colaborando con ETAF en Ucrania y más recientemente, intentando acceder a Palestina en un momento especialmente convulso.
Ese compromiso profundo con lo que amaba la llevó a participar en multitud de talleres y congresos internacionales, así como a publicar varios artículos científicos en el marco de su tesis doctoral.
Su huella profesional es indudable, y su compromiso humanista, un ejemplo para todos en un mundo que a menudo parece ir a la deriva.
Te echamos y te echaremos de menos siempre. Tenemos la suerte y la fortuna de haberte conocido y de haber compartido contigo.
Descansa en paz.

